martes, 31 de marzo de 2009

Los alimentos como premio o castigo

Es muy habitual que los padres recurramos al clásico “si te portas bien te doy un caramelo” o “si haces tal cosa luego vamos a comer una hamburguesa”. Seguramente, todos lo hayamos hecho alguna vez, pero es un error utilizar la alimentación para premiar o castigar a los hijos.
Desde que son muy pequeños tenemos que inculcarles la importancia de una dieta saludable, variada y equilibrada pero no como recompensa, sino porque comer bien les hará más sanos, les evitará enfermedades y los hará crecer fuertes.
Las golosinas son el recurso más usado, pero a la inversa también utilizamos la comida. Solemos asociar algún alimento que no les gusta demasiado (como el brócoli, por ejemplo) con un castigo. Gran error también, pues sólo conseguiremos que el niño asocie ese alimentos con algo desagradable o negativo y acabará apartándolo de su dieta.
Los alimentos nunca deben ser un premio o un castigo pues de esa forma sólo estamos condicionando la variedad de su dieta. No quiere decir que les prohibamos las golosinas, pero siempre con moderación y no asociadas a ningún tipo de recompensa.
Por un lado, porque los peques creen que tienen que hacer tal o cual cosa por el hecho de disfrutar de un dulce al terminar y no porque sea su obligación, y por el otro lado, porque encima los estamos premiando con un alimento poco saludable.
Para crear hábitos alimentarios saludables en nuestros hijos es primordial no crear asociaciones negativas ni positivas con los alimentos. Tampoco debe estar vinculada la hora de la comida con peleas ni discusiones, sino que debe ser un momento de comunicación familiar.
Cuanto menos condicionemos su relación con los alimentos, más fácil será crear buenos hábitos alimenticios en los niños.

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