miércoles, 17 de junio de 2009

Parto en el agua

El parto en el agua es una práctica cuya tradición tiene una larga historia. Riesgos y beneficios

A principios de este siglo XXI, a pesar de los progresos tecnológicos, cada vez más mujeres recurren a los métodos tradicionales de parto.

Las que recurrieron al parto en el agua así lo demuestran. Para ellas, es una manera eficaz de aliviar el dolor, de reducir la ingesta de analgésicos sintéticos y de vivir plenamente una experiencia. El parto en el agua es una práctica cuya tradición tiene una larga historia.

Las mujeres finlandesas procedían a realizar el parto en saunas. Las mujeres japonesas de pueblos pescadores daban a luz en el mar. Las comadronas guatemaltecas, para relajar el cuerpo de las mujeres en el momento de dar la luz, las introducían en un baño de agua caliente. Mientras que en Nueva Guinea, las mujeres a menudo daban a luz en el río.

Alison Gray madre de dos niños, ha podido comparar las diferencias entre ambas prácticas de parto. Explica que su primer niño, nacido por el método del parto convencional nació después de más de 20 horas de esfuerzo. Esta experiencia fue dolorosa para ella. Precisamente en el momento de la expulsión, estaba totalmente entumecida y no se acuerda de haber sentido salir al bebé.

Pero cuando dio a luz a su hija en el agua, vio que este procedimiento favorecía el descanso entre las contracciones, flotando en el agua caliente. Esto le permitió controlar mejor el dolor. “Tan pronto como me senté en el baño, me sentí ingrávida y verdaderamente podía relajar mi cuerpo y mi espíritu. Es asombroso como este método puede aliviar el dolor “, comenta Alison Gray.

Esta disminución del dolor proviene de la estimulación de los nervios superficiales sobre la piel que realmente puede sobrepasar la sensación de dolor de los nervios más profundos, particularmente los de la zona abdominal en el momento de las contracciones que produce el cuerpo en el momento del esfuerzo de parto. De hecho, el agua caliente sobre la parte baja de la espalda reduce el dolor de las contracciones. Aunque el concepto del nacimiento en el agua existe desde hace siglos, fue en los años 80 cuando las sociedades occidentales se interesaron por ello. Introducido por el Dr. Michael Odent, el método de inmersión en piscinas especializadas se hizo poco a poco el preferido por miles de mujeres.

Numerosos han sido los estudios realizados sobre los efectos de la hidroterapia tanto en la madre como en el bebé. Un estudio efectuado sobre más de 2.000 mujeres fue publicado en el periódico Fetal Diagnosis Therapy. Concluye que la hemorragia de las madres que dan a luz en el agua es sensiblemente inferior a la cantidad de pérdidas observadas en los partos convencionales. Además, se utiliza un 15% menos de analgésicos que en la práctica convencional. Dar a luz en el agua es una experiencia mucho más satisfactoria que un parto en el hospital. Además, un ambiente reposado va a permitir una menor producción de hormonas, particularmente de noradrenalina y catecolamina. Este fenómeno bloquea las complicaciones tales como la hipertensión y las contracciones débiles.

Sin embargo, todas estas ventajas no evitan los riesgos. Según la revista The Cochrane Collaboration, es posible que la terapia bajo el agua haga “Percibir esperanzas poco realistas con relación a la responsabilidad, limita la movilidad y aumenta el trauma perineal”.

También ha aumentado el riesgo potencial de infección para la madre y para el recién nacido, provocado por el agua que penetra en el útero. El calor del agua puede aumentar la hemorragia después de la evacuación de la placenta. Algunos piensan que el recién nacido podría inhalar agua antes de entrar en contacto con el aire. Otros refutan esta idea refiriéndose al “reflejo de inmersión”. En efecto, esta teoría sostiene la hipótesis que la respiración no puede realizarse cuando las vías respiratorias están en contacto con un fluido.


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