miércoles, 17 de junio de 2009

El miedo a bañarse

Esta última semana hemos tenido novedades en casa a la hora del baño. De un día para otro, sin motivo aparente, mi hija de 19 meses, quedisfrutaba con el baño como nadie, ha pasado a tenerle un miedo terrible. Es una situación muy novedosa, pues como digo, y desde sus primeros días de vida, el baño ha sido un momento muy gratificante para todos.

Últimamente los cánticos y los chapoteos que casi inundan el aseo eran la tónica, ponerse en pie dentro de la bañera, jugar con los libros o con otros juguetes acuáticos… En fin, toda una fiesta.

Pero como digo, un buen día la pequeña no quiere ni oír hablar del agua, ni de la bañera, ni se quiere desvestir mientras se llena: llantos y súplicas desesperadas que aumentan cuando se abre el grifo o cuando hay que enjuagarse la cabeza para salir. No hay quien la siente en la bañerita, se pone en pie y sólo extiende los brazos llorando para que la saquemos.

Afortunadamente, estamos volviendo a la normalidad poco a poco. Aquí van unos datos de cómo lo estamos llevando, consejos que podrían servirles a otros papis en el caso de verse en una situación parecida de miedo repentino al baño.

El caso es que esta situación en la que un niño de repente se asusta ante el baño probablemente sea debida a algo que nos ha pasado desapercibido a los adultos: un mal trago de agua, sensación de ahogo al enjuagarse, agobio por el agua en los ojos, había más espuma de lo normal, el jabón le ha escocido, el agua le quemó en un momento dado, le asustó el ruido del agua saliendo por el desagüe…

  • Por la reacción ante el chorro de agua sobre la cabeza, seguramente habrá sido que en un momento se sintió agobiada por el agua. Por eso, hemos intentado que llegue al baño cuando la bañera ya está llena, así no la ve correr desde el grifo o desde la ducha.
  • También hemos evitado el chorro de la ducha para enjuagarle la cabeza: lo hemos sustituido por pasarle suavemente agua limpia con las manos, o escurrida de una esponja sin jabón, y que no le dé en la cara.
  • Hay que explicarles con calma que no va a pasar nada, que les acompañamos, para que ganen confianza y se sientan protegidos.
  • Compartir el tiempo de baño, es decir, meterse en la bañera con ella. Se siente mucho más segura y acepta mejor el agua corriente.
  • Introducir nuevos juegos en la bañera, juguetes acuáticos que no la han acompañado antes (en nuestro caso, unas anillas de colores y un libro acuático que aún no había estrenado). Esa novedad la “distrae” del agua y hace que el baño sea novedoso y más divertido.
  • Ponerle de fondo su música favorita. Es bueno que durante el baño les acompañe una música que les ayude a relajarse, pero muchas veces por comodidad, o por prisas, no lo hacemos. Oír la melodía de su serie favorita y cantarla junto a ella ha servido para mitigar el miedo.
  • Cambiar su pequeña bañera por la bañera grande. El contexto diferente también cambiará la percepción de la experiencia del baño.
  • A divertirse en la piscina. Si, como a mi bebé, el baño en la piscina o en el mar le han gustado desde pequeños y están acostumbrados, hay que retomar esos baños placenteros para jugar junto a los papis dentro del agua. Es un buen momento para volver un día a la piscina (o al mar) a divertirse. La relación agua-juego-diversión-compañía de papás se transmite también al espacio más reducido de la bañera.
  • Siempre conservemos la calma y la paciencia, si un día no se baña no pasa nada, acompañemos al bebé con movimientos suaves, palabras cariñosas y mucha comprensión. Unos papis nerviosos no ayudan a un bebé con miedo.

No se trata de introducir todos estos cambios de golpe y todos los días, sino ir probando, poco a poco, cada día, cosas distintas, para percibir cuál la ha tranquilizado más, y progresivamente hacer que la hora del baño vuelva a ser un momento divertido. Después se puede ir volviendo a la normalidad.

En nuestro caso, llevamos una semana haciendo pequeños cambios y la mejoría es patente. Por ejemplo, ya no le hacen falta juguetes o música, ya disfruta más del baño aunque no bajamos la guardia y sobre todo la precaución al enjuagar la cabeza que parece ser el causante de este miedo repentino al baño.


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