martes, 11 de mayo de 2010

La fitoterapia contra la infertilidad femenina

El uso de las plantas medicinales no es nada nuevo. Aunque el método científico ha producido una nueva era en la medicina del Occidente, particularmente en los EE.UU. En cambio, los investigadores de Europa y de otros paises de Sudamérica han usado el método científico como un recurso para investigar las plantas medicinales a pesar de encontrarnos en la época de la medicina sintética.

El camino de la medicina moderna y la ruta escénica de la medicina herbolaria parecen converger en varios puntos. Uno de estos es la deficiencia de la respuesta inmunológica. Sin reconocer lo que estaba haciendo, la herbolaria, en forma totalmente natural enumeró a todos los aparatos y sistemas del cuerpo en la lucha contra las enfermedades.

Aunque algún tratamiento pudo haber sido dirigido para alguna enfermedad en particular, generalmente dependió de estimular o fortalecer a muchos órganos de nuestro cuerpo. De esta manera, si una infección estaba presente, se administraban antibióticos de plantas medicinales junto con los agentes que estimulan el flujo sanguineo y linfático y agentes que estimulan la actividad fagocítica en los glóbulos blancos, es decir estimulaban la competencia inmunológica. El acercamiento de la medicina moderna ha subestimado, hasta hace poco, la importancia del sistema inmunológico de nuestro propio cuerpo. De hecho, el término mismo se ha introducido en la terminología popular solamente en los últimos pocos años. La medicina convencional ahora reconoce al sistema inmunológico como la clave para la prevención del cáncer y otras enfermedades difíciles de tratar.
Otro punto de convergencia entre lo viejo y lo nuevo está en el reconocimiento de que muchas enfermedades cardiovasculares pueden ser prevenidas, y no simplemente tratadas. Para este propósto existen muchas plantas medicinales. Estas plantas medicinales han sido validadas científicamente. Por eso, sería muy bueno si la medicina moderna, en forma sabia y fácil, las incorporara. Por ejemplo, se podría incorporar el uso del ajo, la echinacea y el espino.
Solamente podremos eliminar el cáncer y las enfermedades cardíacas, en esta época, al poner más atención a la salud del cuerpo y menos, al tratamiento de las enfermedades; al dedicar más esfuerzo a prevenir, y menos a curar. En las plantas medicinales, la mayoría de sus componentes son modificadores de la respuesta biológica, es decir, son substancias que no modifican la fisiología de nuestro cuerpo en forma indiscriminada, sino sencillamente estimulan las fuerzas curativas del mismo, pero él y solamente él decide, de acuerdo a la homeostasis, lo que es correcto hacer.
En 1653, Nicholas Culpeper escribió el libro The English Physician. Este y otro libro resultaron muy controversiales, lo cual jugó un papel importante para que se produjera un distanciamiento entre la medicina convencional y la herbolaria. Culpeper tenía fe en la astrología y eso lo hizo cometer algunos errores. El principal fue aseverar que los cuerpos celestes regían tanto las causas de las enfermedades como las plantas que se utilizaban para curarlas.
El regaliz que se usa como planta medicinal consiste en las partes que están bajo tierra, técnicamente se les conoce como el rizoma y las raíces de la variedad de Glycyrrhiza glabra (familia Fabaceae), la cual posee una madera amarilla y dulce. En muchas partes se le conoce como raíz de regaliz glicirriza. La raíz ha sido usada desde tiempos muy antiguos como un saborizante natural. Por otro lado, por sus propiedades expectorantes y emolientes, se usa para el tratamiento de la tos y los resfriados.
La mayor parte cosechada del regaliz se utiliza en productos de tabaco como saborizante (cigarros, puros, etc.). La dulzura del regaliz se debe a la glicirrizina también conocida como ácido glicirrízico cuya concentración en la raíz es del 5 al 9 %. Es casi 50 veces más dulce que el azúcar.
Durante la segunda guerra mundial, un médico holandés notó que la administración del extracto de regaliz producía una marcada mejoría en los pacientes que tenían úlcera péptica.
El regaliz es una planta muy potente, por lo que no se recomienda tomarla sin supervisión médica. Grandes dosis durante largos períodos de tiempo son muy tóxicas.
El regaliz es una de las plantas medicinales biológicamente más activa en el mundo, a la que se le ha encontrado un amplio uso terapéutico. También ha sido sujeto de una enorme cantidad de investigación.
El regaliz ejerce una acción calmante sobre las superficies de la mucosa del tracto gastrointestinal y frecuentemente se usa para curar estos tejidos, como es el caso de la gastritis.
Los derivados del regaliz, el ácido glicirretínico (GLA), regaliz deglicirrizinado (DGL) y el sodio carbonoxolona (CS), todos han demostrado estar entre las mejores medicinas antiulcerosas de la actualidad. Los derivados del regaliz y el regaliz entero tienen la habilidad de inhibir la secreción ácida gástrica con la ventaja de no tener otros efectos adversos anticolinérgicos (por ejemplo, resequedad de la boca, estreñimiento, etc.)
La raíz del regaliz tiene propiedades antiinflamatorias, por eso se ha investigado y demostrado su efectividad en el tratamiento de muchas enfermedades de la piel, como eczema, dermatitis, impétigo y en la piel traumatizada. Hemos observado en estudios clínicos en el Programa de Estudios de Medicinas Alternativas de la Universidad de Guadalajara que sus efectos en problemas de la piel, se pueden comparar con la acción antiinflamatoria de la hidrocortisona. También la hemos usado en problemas de dermatosis con comezón, ezcema infantil, liquen simplex, psoriasis, dermatitis por contacto, neurodermatitis, dermatitis exfoliativa y dermatitis seborréica.
En múltiples estudios se ha demostrado el efecto antipirético (reductor de la fiebre) del ácido glicirretínico en una proporción igual que la del ampliamente usado salicilato de sodio.
El regaliz reduce los niveles del colesterol pero una sobredosis puede producir hipertensión y retención de sodio.
El regaliz puede ser útil en aumentar la habilidad del hígado para filtrar algunas toxinas. En el tratamiento de enfermedades hepáticas (por ejemplo, en hepatitis y cirrosis), el ácido glicirretínico ha demostrado ser extremadamente prometedor. En la medicina tradicional China se usa frecuentemente el regaliz como un remedio para la ictericia y se considera un gran desintoxicante del hígado. El trabajo experimental ha validado la utilidad del regaliz en el tratamiento de la hepatitis, la cirrosis y otros padecimientos hepáticos relacionados.
El efecto antiinflamatorio del regaliz ha sido empleado en el tratamiento del asma y la planta ha demostrado sus acciones antitusígena y expectorante. Inclusive sus propiedades emolientes y expectorantes son ya bien aceptadas. Por eso, se usa el regaliz frecuentemente como un componente de muchos jarabes y gotas para la tos.
Como ya lo mencioné, el regaliz asemeja y potencializa la acción de los corticoides de las suprarrenales, aunque también difiere en la acción de estos químicos en varios aspectos importantes. Se ha encontrado que los componentes del regaliz ejercen un efecto positivo sobre el curso de la insuficiencia suprarrenal, aun en la enfermedad de Addison, la cual, se caracteriza por un agotamiento casi total de las suprarrenales. Hay evidencia de que ese efecto depende de la presencia de una pequeña cantidad de glucocorticoide. En otras palabras, si el probema está muy avanzado, será necesario combinar con una pequeña cantidad de regaliz, pero esto es una gran ventaja ya que casi siempre es necesario prescribir dosis de cortisona que generalmente se van incrementando, con sus respectivos grandes efectos colaterales indeseables.
También se ha demostrado la propiedad antiartrítica del ácido glicirretínico del regaliz. Se ha visto que otras enfermedades inflamatorias responden de igual manera bien al tratamiento con el regaliz. Hay muchos artículos en la literatura médica de Inglaterra y China que frecuentemente comparan el efecto del regaliz con el de la hidrocortisona. La glicirrizina inhibe la síntesis de prostaglandinas de una manera similar a la cortisona, pero sin efectos colaterales indeseables.
Con relación al sistema inmunológico, el regaliz y sus derivados han demostrado resultados extremadamente prometedores como inductores del interferón, especialmente en el tratamiento de la hepatitis. Aunque hay que aclarar que esta planta tiene otros efectos inmunoestimulantes (es decir, estimula nuestras defensas).
Se ha corroborado la actividad antimicrobiana del regaliz in vitro contra el Staphiloccocus aureus y Cándida albicans. Por eso, el uso del regaliz continúa siendo uno de los más comunes tratamientos para la infección crónica vaginal por levaduras.
El regaliz se ha usado frecuentemente por sus propiedades estrogénicas. El primer reporte de la propiedad estrogénica del regaliz se hizo en 1950, cuando se extrajo un estrógeno esteroide con un espectro de absorción idéntico al estriol.
Desde entonces, varios investigadores han encontrado actividad estrogénica en el regaliz. Como los componentes activos probables se han indentificado al estigmasterol y el beta-sitosterol.
Es bueno hacer notar aquí que cualquier potencial de toxicidad en esta planta puede ser completamente anulado por un simple complemento de potasio.
En el Programa de Estudios de Medicinas Alternativas de la Universidad de Guadalajara, realizamos un estudio clínico con 84 mujeres que no ovulaban. El regaliz logró inducir la ovulación normal de las pacientes. La dosis que utilizamos fue de 210 mg cada 12 horas durante por lo menos 60 días. Como un tónico uterino, se ha utilizado el regaliz por culturas tan divergentes en Asia, Europa y América del Norte y se reconoce hoy en día como una planta principal para tales indicaciones. También se usa para favorecer la expulsión de la placenta después del parto y en el tratamiento de la menopausia.
En un estudio experimental doble ciego se estudió la efectividad clínica de la glicirrizina con una administración oral a largo plazo a 16 pacientes asintomáticos HIV-1 positivo con hemofilia. Los pacientes recibieron una dosis diaria de 150 a 225 mg de glicirrizina por 3 a 7 años. Se monitorearon los números de los linfocitos T CD4+ y los CD8+, los niveles de glicirrizina y de ácido glicirretínico en el suero. No se vió ni progreso en anormalidades inmunológicas ni desarrollo del SIDA. La glicirrizina se administró oralmente, la cual se convertía en ácido glicirretínico y se detectó en el suero, sin manifestar ningún efecto colateral; mientras que los pacientes no tratados mostraron disminuciones en los conteos de células CD4+ y CD8+ y los niveles de anticuerpos. Dos de ellos desarrollaron SIDA. (Ikegami N. et al. Prophylactic effect of long term oral administration of glycyrrhizin on AIDS development of asymptomatic patients. Int. Conf. AIDS 9 (1): 234, 1993, abstract no. PO-A25-0596).

Por el Dr. Héctor E. Solórzano del Río.

Profesor de Farmacología del CUCS de la Universidad de Guadalajara y Presidente de la Sociedad Médica de Investigaciones Enzimáticas, A.C.

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