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viernes, 27 de mayo de 2011

Además del fraude del diagnóstico, existen evidencias de una relación entre el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad y la concentración d

Alfredo Embid

En Estados Unidos el trastorno por déficit de atención e hiperactividad ADHD o TDAH ha aumentado espectacularmente en las últimas décadas. Entre 3% y 7% de los niños estadounidenses ya estarían afectados y los niños más que las niñas. Y esto no está sucediendo solo en Estados Unidos sino especialmente en todo el mundo occidental, (los africanos se contentan con tener hambre).

Ya hemos publicado anteriormente trabajos en los que denunciamos que este aumento esta motivado por el hecho de haber separado más los palos de la portería del diagnóstico. Ampliando los criterios para etiquetar a los niños de TDAH se diagnostican más y en consecuencia se venden más medicamentos. Una estrategia clásica del complejo médico industrial que en este caso es evidente.

Pero también existen evidencias de que la exposición a plaguicidas organofosforados es una causa del trastorno por déficit de atención e hiperactividad.
Teniendo en cuenta que estos pesticidas atacan el sistema nervioso de los insectos y que se detectan restos de ellos en la comida, además de en el aire de las regiones agrícolas donde se utilizan, no hay que extrañarse de que afecten al sistema nervioso de los seres humanos.
Unos cuarenta plaguicidas organofosforados están registrados en los Estados Unidos.
Los efectos más graves tienen lugar como sucede con todos los tóxicos químicos y radiactivos durante la exposición prenatal, es decir sobre los fetos que se están formando en el útero.
El año pasado la epidemióloga Brenda Eskenazi, y sus colaboradores de la Universidad de Berkeley y sus colegas publicaron un estudio realizado sobre más de 300 niños mexicano-americanos que viven en el Valle de Salinas. Este valle es una zona agrícola donde existe una mayor exposición a los pesticidas.
Eskenazi encontró que los niveles de productos de degradación o metabolitos de plaguicidas en la orina de las madres durante su embarazo era dos veces mayor y también en los niños después del nacimiento.
Luego estudiaron a los niños de edades de entre 3 1/2 años y 5 años para los trastornos de atención, utilizando los informes de las madres, el rendimiento en pruebas estandarizadas y las calificaciones de los examinadores. Tuvieron en cuenta para corregir los datos la exposición al plomo y otros factores de confusión.
El resultado mostró que cada aumento de diez veces en los niveles de pesticidas en la orina de las madres iba asociado a un aumento de cinco veces en los problemas de atención de sus hijos.
El efecto fue más pronunciado en niños que en niñas.
Tres meses antes un estudio de Harvard, centrado en el pesticida malatión, encontró que un aumento de diez veces en los niveles de pesticidas en la orina estaba asociado con un incremento del 55% en el TDAH.
Los investigadores dijeron que la mayoría de los niños en el estudio fueron expuestos al malatión a través de los alimentos. No es ninguna novedad, Eskenazi reconoció que “Se sabe que los alimentos son una fuente importante de exposición a pesticidas en la población general” y añadió “Yo recomendaría lavar bien las frutas y verduras antes de comerlas, especialmente si usted está embarazada”


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lunes, 31 de mayo de 2010

La infancia bajo control

La Plataforma Internacional Contra la Medicalización de la Infancia me cuenta que el canal ARTE de la televisión francesa ha emitido una película titulada La infancia bajo control, realizada por Marie-Pierre Jaury. Este documento sale al paso de un informe del INSERM (Instituto Nacional de la Salud y de la Investigación Médica de Francia) de 2005, titulado Los trastornos del comportamiento en el niño y en el adolescente, en el que dicha institución presume de haber llegado a la conclusión de que era posible predecir que un niño travieso o desobediente pudiera llegar a convertirse en delincuente en la edad adulta y en consecuencia recomendaba detectar cualquier posible alteración en su comportamiento desde la guardería.

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Entre los rasgos infantiles que permitirían predecir al criminal del futuroestán la agresividad, el cinismo, la escasa docilidad o el bajo índice de moralidad. El informe fue utilizado como base de un anteproyecto de ley sobre la prevención de la violencia que quería poner en funcionamiento un carné de comportamiento que serviría para realizar un seguimiento del pequeño que, en caso de no ajustarse a los criterios de normalidad del Gobierno de turno, debería ser modificado con fármacos.

Afortunadamente el informe y el anteproyecto de ley provocaron una revuelta de numerosos pediatras, psicólogos, psicoanalistas e intelectuales, y de muchas de sus instituciones, que acusaron al INSERM de querer promulgar la vigilancia generalizada de los más pequeños, desde la edad de tres años de edad, bajo la influencia de la psiquiatría conductista anglosajona, legitimando así una ideología “de la seguridad” que está en plena expansión. Una ideología fascista que pretende delirantemente localizar desde la infancia a los futuros delincuentes potenciales con el fin de prevenir lo que un diputado ponente denominó sus “comportamientos desviados”.

Me cuentan que esta es una peligrosa manera de ver las cosas que está determinando las políticas sanitarias y sociales en países como Canadá, Alemania y Gran Bretaña. La premisa de la que se parte es que la delincuencia es una enfermedad reconocible desde la temprana infancia. Ésta es la excusa para que los gobiernos con el apoyo de las neurociencias y de la psiquiatría deban poner a la infancia bajo estricta vigilancia.

A cada trastorno le correspondería su detectable y comprobable molécula. La etología, la neurobiología y la genética se dedican a investigar las causas fisiológicas de los comportamientos “antisociales”. Cada vez se utilizan tests más irracionales para diagnosticar más precozmente la “anormalidad” de los ataques de cólera, de las angustias, depresiones, hiperactividad o de las dificultades para concentrarse de los niños. El objetivo es curarlos con diversos medicamentos que la industria farmacéutica promueve y que les son administrados a los niños cada vez con más frecuencia. Prozac (fluoxetina), Ritalina (metilfenidato), ansiolíticos, antipsicóticos y antiepilépticos ya son utilizados por lios niños con relativa frecuencia.

Sustancias todas con reacciones adversas y consecuencias imprevisibles. Apoderarse de objetos, no prestar atención, desobedecer, mentir y soltar agresividad se identifican como síntomas de esos “trastornos del comportamiento” clasificados por la biblia de la psiquiatría americana, el DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de los desórdenes mentales).

Con claridad y concisión -me cuentan-, la película entrevista a investigadores y profesionales de los diferentes países a los que esto concierne y escuchando los argumentos de ambas partes, intentan alertar sobre las falsas raíces científicas de esta totalitaria política de control y sus posibles consecuencias.

Así que si alguien es capaz de encontrarla con subtítulos en castellano que avise.

Por Miguel Jara. http://migueljara.com/

Más info: El libro La salud que viene. Nuevas enfermedades y el marketing del miedo (Península, 2009) posee un capítulo dedicado a la invención de trastornos y hace incapié en los mentales y los destinados a la infancia.

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lunes, 29 de marzo de 2010

La "medicalización" del fracaso escolar

migueljara.com

El fracaso escolar en España se sitúa en uno de cada tres estudiantes. Pueden hacerse multitud de interpretaciones desde el punto de vista educativo pero lo que me interesa ahora es que lo que es un problema social también se ha ido convirtiendo con el paso del tiempo en un problema médico a solucionar con fármacos. Así, el alumnado que no obtiene los resultados previstos por el sistema educativo es considerado “enfermo”. Hay médicos y profesores que ven en el fracaso escolar un fracaso del modelo educativo más que del individuo, en cuyo fracaso educativo intervienen muchos más factores que los puramente formativos. En el fracaso escolar se juntan tanto factores del alumnado como la frustración del propio profesorado que conlleva una pérdida de confianza.

“Los docentes tienen que responder a situaciones que no controlan frente a un alumnado desinteresado y cabe la tentación de pasar las propias responsabilidades a otros sectores, como el sanitario. Es decir, cabe el transformar en problema de salud toda anormalidad vivida como tal por el sistema educativo. Así, el fracaso escolar y las dificultades escolares devienen problemas sanitarios y requieren métodos preventivos y curativos médicos”, así lo explican un médico, Juan Gérvas y una profesora, Paula González-Vallinas, en un trabajo muy interesante titulado La medicalización del fracaso escolar.

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Argumentan ambos que en la escuela supone transformar rasgos del carácter y variaciones de la normalidad en enfermedades que conllevan tratamientos; así, por ejemplo, la timidez se convierte en undesequilibrio de neurotransmisores, el aburrimiento en depresión y la curiosidad excesiva en déficit de atención. Entre otros peligros esto supone la homogenización del alumnado. Los autores citados tiene una manera muy peculiar de explicarlo basándose en una cita:

“Las peculiaridades devienen enfermedades, cuando en realidad lo enfermizo es pretender a todos los niños iguales pues no hay niño que no tenga en algún momento una variación de la conducta: “yo creo queun niño que no tenga problemas de conducta es un niño muy anormal” (Illingworth, 1969, p 67)”.

Al medicalizar el fracaso escolar se oculta el problema de fondo. Éste se individualiza, se le confiere al estudiante la exclusividad de la culpa y además no se soluciona pues el medicamento no “cura” al estudiante “enfermo” simplemente le “alivia” su “mal” o lo que es peor cronifica su inexistente enfermedad (y a una parte importante de los nuevos consumidores de fármacos les provocará daños); para tratar el déficit de atención, a los niños, principales protagonistas en esta historia de enfermedad y negocio, se les recetan estimulantes legalescomo Ritalina, Rubifen o Concerta, diferentes marcas con un mismo principio activo, metilfenidato. Drogas muy similares a la ilegal cocaína.

La medicalización del fracaso escolar es la búsqueda de una solución mágica y externa a un problema complejo escolar y social; la respuesta en forma de “píldora de la obediencia” es simple e ineficiente (Baudrillard, 2002; Pignarre, 2006). Es posible medicar y tratar psicológicamente al alumnado “conflictivo” para que se adapte a la norma (ver La rebeldía es la penúltima enfermedad inventada), pero con ello no se resuelven los problemas que generan la conflictividad sino que simplemente se acallan los indicadores de que algo va mal en la escuela (Korsunsky,2007).

(…) Las familias también experimentan un sentimiento de culpa de crianza ante la situación de conflicto en las aulas, y la medicalización de los problemas de sus hijos arroja una promesa de absolución en su entorno cultural (Singh, 2004).

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¿Cual es el camino -y escribo camino- de la solución? Es importante que todos los actores del sistema educativo -las administraciones públicas las primeras- entiendan que el fracaso escolar es de su competencia y que corregir el mismo exige de la concurrencia de profesores, alumnos, familias, profesionales sanitarios, para ofrecer cambios y alternativas. Si “cada persona es un mundo” reforzar un sistema educativo que intenta fabricar clones y al que se “desvíe” lo medica es garantía de fracaso perenne. El tratamiento médico de este fracaso social, que estos dos profesionales califican de innecesario, es la mejor muestra de que es urgente enfocar el fondo de la cuestión.

Más info: La salud que viene. Nuevas enfermedades y el marketing del miedo (Península, 2009) contiene un capítulo sobre la invención de enfermedades y la medicalización de la infancia.

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lunes, 15 de marzo de 2010

Los países que no salen en los periódicos

Por Miguel Jara-Periodismo comprometido

Siempre me han admirado esos países de los que casi nadie habla, que no suelen ser portadas de los periódicos ni para bien ni para mal. Me admiran porque suelen tener muy altos niveles de vida. Qué paradójico que esos países como Finlandia, por ejemplo, en vez de ser modelo mediático pasen desapercibidos, aunque casi mejor para ellos. Viene esto a cuento de que me he enterado que en Finlandia no se escolariza a los niños hasta los siete años. En España como saben es obligatorio ya a lo tres años. ¿Qué consecuencias puede tener esto?

bebe amamantando

Bueno es difícil de demostrar pero hay argumentos ciertamente preocupantes. Según el estudio PISA, los jóvenes finlandeses ocupan las más altas posiciones en las diferentes destrezas evaluadas (matemáticas, ciencias, lectura, resolución de problemas) de todo el mundo. En España el fracaso escolar no ha parado de aumentar en los últimos lustros a la par que se ha ido medicalizando.

Como digo a los niños españoles se les lleva al colegio a los tres años pero buena parte de ellos están en guarderías, lejos del contacto con sus padres desde que son bebés, cuando sólo cuentan con tres o cuatro meses. Y aquí es donde viene la polémica pues resulta que el prestigioso espacio periodístico La Contra del diario La Vanguardia ha entrevistado a una psiquiatra infantil, Eulàlia Torras de Beá, que argumenta:

“La guardería es útil en ciertos casos y momentos, pero no es la opción principal para criar saludablemente a un bebé“.

La entrevista no tiene desperdicio y supone una denuncia real de cómo se cría a los niños en nuestra sociedad, quizá mejor dicho en países como el nuestro pues también explica que hay otros países de largas bajas paternales/maternales y ayudas a la crianza en casa de los pequeños. Algunas respuestas interesantes:

-[La guardería] Es algo que necesitan los padres…, pero no es lo que necesita un bebé.

-¿La guardería acentúa la propensión a enfermar del bebé? Sí. El propio hogar, los brazos de mamá y papá, un círculo reducido de personas… ¡eso es lo que fortalece emocional, cognitiva y físicamente al bebé! La guardería, en cambio, puede comprometer su desarrollo.

-De los cero a los dos años, cuando más plástico es el cerebro, las neuronas del bebé se desarrollan según la calidad de los estímulos que recibe por interacción con las personas centrales de su mundo: abrazos, achuchones, caricias, risas, balanceos, movimientos, sonidos, voces, cantos, palabras, mimos, cariños, músicas, olores, colores, sabores…

-¿La guardería no da esos estímulos? Imposible en grado óptimo, improbable en el necesario, difícilmente con la intensidad y calidad de unos papás atentos y amorosos.

-Tampoco analizamos causas, preferimos castigar o etiquetar: “trastorno por déficit de atención e hiperactividad”, y medicar. Y quizá por eso llegan cada día a las consultas más psicopatologías en niños cada vez menores… ¡España es ahora el tercer país que más psicofármacos receta a menores! Cortamos síntomas sin analizar causas.

La psiquiatra, que no es la única profesional que realiza esta crítica, también alaba el trabajo de las cuidadoras y con razón, lo que está fallando es el modelo no las personas que, por lo general, en casi todos los ámbitos suelen responder. Y es que más nos valdría prestar atención a los países que no salen en lo periódicos pues algún mérito habrán hecho para ello.

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